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Barcelona

Horas gastronómicas en Barcelona con Mani Alam, de Bien Kebab

Hay ciudades que se pueden saborear, y Barcelona es una de ellas.

El chef Mani Alam, alma mater de Bien Kebab, conoce bien esa sensación: el placer de pasear por sus calles, hacer una parada en la barra de un bar y empaparse del encanto de una ciudad que aún respira como un gran pueblo.

Aquí tienes tu 24 horas ideal en Barcelona: una ruta que combina costumbres locales, lugares auténticos y ese ritmo relajado que tan bien se te da a la ciudad.

9:00 — Desayuno en el Bar La Camila

Escondido en las tranquilas calles de Gràcia, el Bar La Camila es el lugar perfecto para empezar el día con tranquilidad. Un café cuidadosamente tostado, una tortilla hecha al gusto y el sol de la mañana entrando por las ventanas es exactamente como me gusta empezar las mañanas.

Aquí todo resulta cercano y familiar: es el tipo de cafetería de barrio que abrieron dos amantes del café que querían crear un espacio donde poder charlar con el barista y leer el periódico sin prisas.

12:00 — Vermut en Senyor Vermut

Al mediodía, la ciudad cambia de ritmo. Los balcones se llenan de luz y, en el Eixample izquierdo, Senyor Vermut bulle con los vecinos que celebran el ritual atemporal del vermú.

Es un auténtico clásico del barrio, conocido por su vermú casero y un menú repleto de tapas auténticas: croquetas, anchoas, patatas bravas hechas como es debido.

El ambiente es ruidoso, alegre y totalmente local. Siempre acabo quedándome más tiempo del previsto.

14:00 — Almuerzo en el Fino Bar

De vuelta en Gràcia, el Fino Bar une el espíritu andaluz con los productos catalanes. El local es pequeño, con paredes blancas y luminoso, como una versión contemporánea de una taberna sureña.

Platos como el pescado frito crujiente o un gazpacho con un toque especial denotan una seguridad natural: sencillos, precisos y llenos de sabor.

Después de comer, voy andando hasta la Plaça Lennon, un rincón poco conocido donde el ruido se desvanece. Sombra, bancos, niños jugando... Es uno de esos lugares donde puedo relajarme y respirar un momento.

17:30 — Parada por la tarde en el Bar Canyí

Cuando la tarde se suaviza, el Bar Canyí es exactamente el tipo de lugar en el que siempre me apetece parar.

Situado en Sant Antoni, combina tradición y frescura: lo dirigen los chefs del restaurante Slow & Low, galardonado con una estrella Michelin, pero aquí todo resulta más ligero y desenfadado.

Las mesitas, la luz cálida y el aroma del brioche recién horneado invitan a quedarse. A veces pido un cortado, otras veces una copa de vino blanco. Sea como sea, siempre acabo quedándome más tiempo del previsto.

20:30 — Cena en Berbena

En Berbena, la noche transcurre con naturalidad. Este pequeño restaurante de Gràcia, con solo unas pocas mesas y una cocina abierta, es una carta de amor a los buenos productos.

El menú cambia a diario según los productos del mercado, y los platos se sirven con discreta seguridad, sin alardes, solo con maestría. El pan, el vino, la música suave: todo tiene ese encanto sencillo y acogedor que te hace sentir como en casa.

Es uno de esos lugares que me recuerdan por qué salir a cenar puede ser una experiencia tan íntima.

23:30 — Copas en 14 de la Rosa

Cuando cae la noche, 14 de la Rosa es el tipo de bar con el que esperas tropezarte. Discreto, con una iluminación tenue y lleno de carácter, parece un secreto bien guardado en el Eixample.

Tras la puerta de madera, la luz es tenue y los cócteles se preparan con esmero. El dueño, especialista en jerez, ha combinado la tradición vinícola andaluza con una carta de cócteles cuidada y distintiva.

Es un lugar íntimo y muy bien decorado, ideal para mantener conversaciones tranquilas y tomar una última copa antes de que la ciudad se retire a descansar.

Epílogo

Esta ruta no solo trata sobre comida, sino también sobre ritmo y conexión.

Las elecciones de Mani no son las típicas «visitas obligadas», sino los lugares donde Barcelona aún se siente personal, donde la ciudad respira como un gran pueblo. Porque, al fin y al cabo, un día aquí no se mide por lo mucho que haces, sino por lo bien que dejas que se desarrolle.

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